Ícono de Hollywood de los 80: cómo es ahora

Heather Thomas es conocida por el gran público gracias al papel de Banks en la película “The Fall Guy” (“El doble”). Después de su fama, rápidamente pasó de ser un ícono del cine a convertirse en una activa militante política y filántropa. Gracias a la imagen consolidada de una doble de riesgo independiente y atrevida, se hizo famosa en todo el mundo y se transformó en un símbolo de belleza y fortaleza.

Tras graduarse de la Escuela de Teatro, Cine y Televisión de la Universidad de California, la carrera de Heather despegó con rapidez. Sin embargo, la fama generalizada, que pesaba sobre ella, y las amenazas a su seguridad obligaron a la actriz a renunciar a su trabajo.

Se convirtió en escritora y en una ferviente defensora de intereses políticos y sociales. Reveló su potencial creativo como autora y logró abrir su propio café llamado “Cambio de régimen”. Después le dio otro nombre: “Café Los Ángeles”. Allí, los activistas podían mantener debates con tranquilidad y elaborar planes.

Su esposo es un reconocido abogado del sector del entretenimiento. Con su apoyo, ella se dedicó a recaudar fondos de manera activa en respaldo de candidatos demócratas y de organizaciones progresistas. Apoyó iniciativas de gran peso.

Actualmente, la mujer participa activamente en la formación de nuevos movimientos, involucrándose en la defensa de derechos para que las elecciones se celebren de manera justa. Gracias a ella, la organización “Lucha Justa” puede desarrollar sus actividades con tranquilidad, demostrando a todos que los cambios para mejor deben comenzar desde las comunidades locales.

Heather ya tiene 67 años y sigue siendo una personalidad igual de brillante, con una figura estupenda. Es una mujer segura de sí misma, inteligente, capaz de mostrar compasión, lo que le añade atractivo. Les demuestra a todas las mujeres cómo envejecer con elegancia: basta con ser auténtica y avanzar siempre hacia tu objetivo.

Al dejar Hollywood, cambiando el cine por la militancia, demostró a todos que nunca es tarde para replantearse la vida y cambiar radicalmente de actividad. Solo hay que fijarse una meta y avanzar con valentía hacia ella, sin importar nada. Y ver cada dificultad como una nueva oportunidad.