¿Apuesta por convertirse en “villana” televisiva? La supuesta jugada de Sarah Ferguson para relanzar su imagen pública

“A ella le ha tocado el papel de antagonista… no puede interpretar otro”, señala un experto en gestión de crisis sobre la exduquesa de York.

Antes de que saliera a la luz la última tanda de documentos vinculados al caso Epstein, Sarah Ferguson residía en una propiedad de la Corona británica —cedida por su exmarido, el príncipe Andrés— sin pagar alquiler, acudía a ciertos eventos familiares y se sostenía gracias a acuerdos comerciales, colaboraciones en medios y libros infantiles. Además, los archivos publicados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos revelaron un respaldo económico por parte de Jeffrey Epstein. Este estilo de vida cambió drásticamente al conocerse nuevos detalles sobre la relación de los antiguos duques de York con el magnate condenado por delitos sexuales. A partir de entonces llegaron cancelaciones y la ruptura de contratos con editoriales y organizaciones.

Ahora, según informa The Sun, se especula con que podría participar en el reality The Traitors US adoptando el rol de villana, una estrategia que, según expertos, podría ser su única vía para revitalizar su carrera.

The Traitors es un concurso de estrategia psicológica donde veintidós participantes compiten en distintas pruebas para ganar un premio económico. Sin embargo, entre ellos hay “traidores” que eliminan a otros concursantes, conocidos como “fieles”. El formato goza de gran popularidad en Estados Unidos, un país que siempre ha sido una alternativa para Ferguson a la hora de rehacer su imagen y generar ingresos. El especialista en relaciones públicas Mitchell Jackson considera que esta narrativa encaja con ella: “Las relaciones públicas son como el póker y a ella le ha tocado la carta de la villana. No puede jugar otra”.

“El problema ahora no es limpiar su reputación, sino redefinirla desde ese papel. Necesita un salvavidas económico y mediático, y ese podría ser The Traitors”, añade el experto, sugiriendo incluso que participar sin cobrar podría mejorar su percepción pública, aunque no resolvería su situación financiera.

Esta posible decisión seguiría la línea que Ferguson ha adoptado en crisis anteriores: conceder entrevistas o reinventarse como figura mediática en Estados Unidos, donde la visión de la realeza británica es distinta. En ese sentido, el historiador y biógrafo Andrew Lownie —autor de The Rise And Fall Of The House Of York— la describió como una pionera en el concepto de “influencer” dentro de la realeza: tras su divorcio, promocionó programas de adelgazamiento, colaboró con marcas, escribió libros y participó en producciones audiovisuales.

“Era una influencer antes de que existiera el término: le pagaban por aparecer, hablar, promocionar productos… El dinero entraba, pero gastaba más de lo que tenía”, explicó Lownie en una entrevista para Sky News, apuntando a su elevado nivel de vida como origen de sus problemas económicos.

Cabe recordar también que, tras el escándalo de 2010 —cuando fue grabada aceptando dinero de un supuesto empresario a cambio de facilitar el contacto con el príncipe Andrés—, Ferguson se trasladó a Estados Unidos y ofreció explicaciones en el programa de Oprah Winfrey. Desde allí pidió disculpas e inició la reconstrucción de su imagen pública, por lo que un paso hacia un reality show no sería, en realidad, un movimiento tan inesperado.

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