Por eso, en su estudio solo aplican hairstrokes profesionales con formación específica y sensibilidad artística. “Hay que entender el pigmento, la piel, el trazo y también tener sentido estético: no es copiar una plantilla. Es pintar una ceja real, con vida propia”, explica.
Además, el material técnico también es más avanzado y costoso: dermógrafos de alta precisión, agujas específicas y tintas de mayor calidad para garantizar un resultado superior. Mientras que el microblading puede resolverse en 45 minutos con herramientas mínimas, un buen hairstroke puede requerir hasta tres horas, cinco tipos distintos de agujas y equipos que rondan los dos mil euros. “Gano menos dinero por tratamiento, pero el resultado habla por sí solo”, resume Valentina.

¿Para quiénes está indicado el hairstroke?
Olvida la idea de que solo funciona “si ya tienes cejas con pelo”. El auge del hairstroke llega precisamente porque muchas clientas venían de microblading y no estaban satisfechas, no solo por el acabado, sino porque el microblading, al curar, puede quedar rígido, geométrico o con pigmento demasiado uniforme por zonas.
Valentina subraya que el hairstroke es apto para casi todos los perfiles, incluidas personas con alopecia fibrosante, pieles sensibles o condiciones dermatológicas especiales, e incluso para quienes han pasado por tratamientos oncológicos. Su enfoque delicado permite trabajar sobre pieles difíciles sin comprometer su integridad.
De hecho, con su experiencia, Valentina lo tiene claro: el microblading no es para todo el mundo. Solo debería aplicarse en pieles jóvenes, con buena densidad de pelo, sin daño solar y con colágeno suficiente.

¿Qué errores del microblading busca corregir el hairstroke?
Aquí llega una de las partes más reveladoras: según Valentina, uno de los errores más comunes del microblading es permitir que la clienta elija sin criterio profesional. Ella lo explica así: “La ceja no es una caja geométrica que hay que rellenar empezando desde un extremo hacia el otro”. Ese enfoque hace que el punto de mayor densidad de pigmento quede en la parte central del trazo, y eso no reproduce la naturaleza real de una ceja, que siempre tiene gradaciones.
Además, las cejas microbladeadas tienden a verse opacas y rígidas —algo que muchas clientas describen como un resultado “de rotulador” o demasiado uniforme—. Con hairstrokes, en cambio, los trazos se organizan desde el centro hacia las puntas naturales y se combinan colores y grosores para recrear variación, profundidad y textura.

También advierte sobre técnicas ya pasadas de moda, como las combinaciones con sombreado intenso o el microblading + shading: “Hoy en día hemos entendido que es súper lesivo combinar técnicas”. Y es que la simetría perfecta ya no es sinónimo de belleza. Como señalaba la primavera pasada Mónica Aránguez, “abandonaremos las cejas simétricas”. El hairstroke responde justo a esa evolución.
A esto se suma otro error de base que Valentina ve con frecuencia: dejar que sea la clienta quien decida el diseño, cuando no todos los rostros ni todas las pieles lo permiten. Y, aún más grave, implantar el pigmento demasiado profundo, algo que puede provocar curaciones irregulares, tonos indeseados o un efecto tatuaje difícil de corregir sin láser.

¿Cómo es el proceso para una clienta primeriza?
El camino hacia unas cejas ideales empieza mucho antes de la aguja. Primero, Valentina trabaja con fotografías y cuestionarios para comprender el caso de cada persona, porque cada piel, cada pelo y cada expectativa es diferente. Ya en el estudio, el primer paso consiste en un prediseño pelo a pelo. No se trata de encajar un arco en una plantilla: se dibuja provisionalmente cómo quedarán los pelitos para que la clienta vea y valide el resultado antes de continuar.
Durante el tratamiento se realizan varias comprobaciones con la clienta sentada, para asegurarse de que el diseño avanza tal y como se espera. Y, al igual que en el microblading, se recomiendan dos sesiones separadas por unas cuatro semanas: la primera para implantar el pigmento y la segunda para reforzar y ajustar, ya que el cuerpo elimina parte del pigmento de forma natural.
