El cansancio y los dolores de cabeza podrían aliviarse gracias a la hipoxia: la terapia que entrena el uso del oxígeno como si estuvieras en la montaña.

Este tratamiento está orientado a personas que desean mejorar su vitalidad, aumentar su energía y favorecer su bienestar general, estimular la regeneración celular dentro de un enfoque antienvejecimiento, apoyar la recuperación física tras el esfuerzo o mejorar el rendimiento físico y cognitivo. También puede formar parte de un estilo de vida saludable enfocado en la longevidad funcional. En esencia, se trata de un entrenamiento específico para las mitocondrias. Los estudios sobre hipoxia intermitente muestran mejoras en la función del sistema nervioso autónomo, en la sensibilidad a la insulina, en el metabolismo de las grasas y en la capacidad aeróbica cuando se aplica de forma suave y controlada.

“La evidencia científica es prometedora”, afirma la cardióloga. “Sabemos que puede mejorar la capacidad física y favorecer adaptaciones vasculares y metabólicas. En medicina deportiva está más consolidada y en cardiología clínica sigue siendo un campo en desarrollo”.

“Aún no forma parte de las recomendaciones oficiales de sociedades científicas como la European Society of Cardiology o la American Heart Association, pero la investigación continúa avanzando”, añade. “En un mundo cada vez más acelerado, donde la energía se ha convertido en un recurso muy valioso, la hipoxia intermitente estimula las mitocondrias, mejora la eficiencia celular y potencia la capacidad de adaptación del organismo”, explican los especialistas de Amuna Vitality Clinic.

La doctora Fortuny insiste en que es fundamental realizar una evaluación médica previa, seleccionar adecuadamente a los pacientes y llevar a cabo las sesiones con monitorización y supervisión profesional. Debe realizarse en centros preparados y nunca de forma casera o sin indicación médica. La hipoxia terapéutica debe entenderse como un complemento prometedor, pero no como sustituto de los tratamientos cardiovasculares basados en la evidencia. Con estas condiciones claras, concluye: “La hipoxia terapéutica es un ejemplo de cómo la medicina está aprendiendo a utilizar los propios mecanismos de adaptación del organismo para proteger el corazón”.