Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, monarca del país conocido como “el más feliz del mundo”, celebra su 46º cumpleaños.
Las historias que parecen más complejas —por el peso de la tradición y la relevancia institucional— suelen convertirse, con el tiempo, en capítulos decisivos de la historia. Así ocurrió con el encuentro entre el Rey Dragón y Jetsun Pema, que marcó el inicio de una nueva etapa para la monarquía butanesa y sentó las bases de una de las casas reales más admiradas de Asia. Nacido el 21 de febrero de 1986, el soberano conmemora hoy una fecha que recuerda una de las historias de amor más singulares de las cortes contemporáneas. En Bután, nación del sur de Asia profundamente ligada a su Corona, el nacimiento del entonces príncipe —hoy quinto rey de la dinastía Wangchuck— fue considerado uno de los acontecimientos más relevantes de su historia reciente.

Hijo del cuarto rey, Jigme Singye Wangchuck, y de su tercera esposa, Tshering Yangdon, creció en un entorno marcado por una tradición que definiría su destino personal y político. Esa misma tradición, años después, sería reinterpretada por él bajo una nueva perspectiva, impulsada por la mujer que se convertiría en el gran amor de su vida.

La formación de un heredero
Aquel joven, al que la prensa tailandesa apodó el “príncipe encantador”, recibió una educación acorde a su papel futuro. Destinado a ocupar el trono, debía formarse con solidez tanto en la historia de su país como en la visión internacional que marcaría su reinado. Estudió en Estados Unidos y se graduó en Relaciones Internacionales en la prestigiosa University of Oxford.

En 2006, su vida dio un giro definitivo al asumir los poderes del Estado tras la abdicación de su padre, quien, siguiendo la tradición, había contraído matrimonio con cuatro mujeres. El nuevo rey era entonces soltero, aunque ya guardaba una promesa que el tiempo demostraría inquebrantable.
Durante una celebración estival, cuando ella tenía apenas siete años y él aún no había cumplido los dieciocho, surgió una promesa inesperada. El joven príncipe aseguró que, si al alcanzar la mayoría de edad ambos seguían solteros, se casarían y compartirían su vida. Los años transcurrieron y, mientras la tradición parecía empujarle hacia la poligamia —permitida en Bután—, él ya había tomado una decisión firme: Jetsun sería la única mujer en su vida. Así, optó por renunciar a esa costumbre ancestral.

Amor frente al “harén”
La decisión marcó el cierre simbólico de una etapa histórica. El padre del actual monarca llegó a casarse con cuatro mujeres, todas hermanas, reforzando la unión dinástica dentro de una misma familia. De hecho, las esposas del anterior rey son también tías del soberano actual, una fórmula que durante décadas consolidó la tradición.
Sin embargo, tras su ascenso al trono y el “sí, quiero” pronunciado en 2011 junto a Jetsun, la poligamia comenzó a perder fuerza entre las nuevas generaciones, quedando prácticamente en desuso.
La boda, celebrada el 13 de octubre de 2011, fue más que una unión sentimental: simbolizó un cambio histórico. El Rey expresó entonces su deseo de evitar una celebración ostentosa, afirmando que la bendición de su padre y de su pueblo sería suficiente. En coherencia con esa sencillez, no acudieron miembros de otras casas reales.
La ceremonia comenzó con cánticos budistas que resonaron por todo el país, pues no solo se celebraban unas nupcias, sino también la coronación de una nueva reina. La pareja se dirigió al monasterio de Punakha a lomos de caballos blancos, acompañada por un séquito ceremonial. Tras intercambiar votos, compartieron una copa de ambrosía —símbolo de vida eterna— y el Rey colocó a Jetsun una corona de brocado, proclamándola oficialmente reina de Bután.

Una promesa cumplida: amor, Corona y descendencia
Con el paso del tiempo, su unión se fortaleció con la llegada de sus hijos. El 5 de febrero de 2016 nació el príncipe heredero Jigme Namgyel Wangchuck, considerado en su momento el heredero más joven del mundo. Más adelante llegaron Jigme Ugyen Wangchuck y la princesa Sonam Yangden Wangchuck, nacida el 9 de septiembre de 2023.
Hoy, al cumplir 46 años, el Rey puede mirar atrás y comprobar que su reinado ha acompañado la transición de un país que muchos consideran “el más feliz del mundo”, guiado por dos figuras que han hecho del amor y la cercanía una auténtica filosofía de Estado.

