A pesar de su avanzada edad y de sus problemas de salud, el monarca escandinavo mantiene una agenda intensa mientras la Casa Real afronta uno de los momentos más delicados de su historia reciente.
Harald V cumple este sábado 89 años convertido en el monarca reinante de mayor edad de Europa. Con evidentes problemas de movilidad, varias intervenciones cardíacas a sus espaldas y tras haber superado un cáncer de vejiga, el soberano no contempla la abdicación. Al contrario, continúa desempeñando sus funciones con una agenda exigente que incluye viajes al extranjero.

Su determinación recuerda al carácter vikingo que tantas veces se le ha atribuido. Sin embargo, esta fortaleza se pone a prueba en medio de la mayor crisis reputacional de la Corona noruega en la era contemporánea: el proceso judicial contra Marius Borg Høiby y la polémica por los antiguos vínculos de su nuera, la princesa Mette-Marit, con Jeffrey Epstein.

La Casa Real felicitó públicamente al monarca con un mensaje en redes sociales acompañado de una imagen junto al príncipe heredero Haakon de Noruega y la princesa Ingrid Alexandra, tomada a comienzos del invierno durante la celebración del cumpleaños de la joven heredera.

Un rey forjado en la adversidad
Desde su infancia, Harald estuvo marcado por circunstancias excepcionales. Fue el primer príncipe nacido en Noruega en 567 años, asegurando así la continuidad de la nueva monarquía nacional. Con apenas tres años tuvo que abandonar el país tras la invasión alemana de 1940, exiliándose con su familia en Estados Unidos durante cinco años.

El regreso de la Familia Real fue celebrado como una auténtica fiesta nacional. Años más tarde, en 1991, ascendió al trono y se consolidó como una figura de referencia para los noruegos.

Especialmente significativo fue su papel tras los atentados del 22 de julio de 2011 en la isla de Utøya, donde un extremista asesinó a 77 personas. Sus discursos, en los que habló no solo como rey sino como padre y abuelo, defendiendo la unidad y los valores democráticos, reforzaron enormemente su liderazgo moral.
Una salud frágil, una voluntad firme
El paso del tiempo ha dejado huella. En 2003 fue tratado de un cáncer de vejiga. En 2005 se sometió a una operación cardíaca para implantarle una válvula artificial, sustituida en 2020. En 2024 recibió un marcapasos permanente tras sufrir una infección durante unas vacaciones en Malasia.

Aun así, sigue cumpliendo compromisos oficiales y viajes internacionales. Recientemente estuvo en Italia apoyando a los deportistas noruegos en los Juegos Olímpicos de Invierno, donde Noruega es una potencia histórica.
El desafío llamado Marius Borg
El frente más delicado es el judicial. Marius Borg, hijo que la princesa Mette-Marit tuvo antes de su matrimonio con el heredero Haakon, se enfrenta a acusaciones por 38 delitos, entre ellos cuatro violaciones. Aunque nunca ha formado parte oficial de la Familia Real, fue acogido desde pequeño como uno más cuando su madre se integró en la institución.

A este escándalo se suman las controversias sobre los antiguos contactos de Mette-Marit con Epstein, que han reavivado el escrutinio mediático. Además, la princesa arrastra una enfermedad pulmonar crónica que la ha obligado a reducir considerablemente su agenda pública.
Con Ingrid Alexandra estudiando en Australia y la princesa heredera prácticamente apartada de la vida oficial, el peso institucional recae con más fuerza sobre el rey Harald y su inseparable esposa, Sonia de Noruega.
A sus 89 años, el monarca sigue al pie del cañón, decidido a mantener la estabilidad de la institución en tiempos turbulentos. Pero a su regreso de su actual viaje privado, sabe que le esperan desafíos que pondrán nuevamente a prueba su resistencia y la fortaleza de la monarquía noruega.
