
Destinados a encontrarse
Es complicado hablar de casualidad cuando dos personas nacen prácticamente a la vez y sus caminos se cruzan durante casi tres décadas. «Nacimos en el mismo edificio. Mi madre estaba embarazada de mí mientras él iba en el carrito con la suya. Por lo visto, coincidimos en muchas subidas y bajadas de ascensor», cuenta.


Después cada uno siguió su vida, coincidiendo de vez en cuando en Vigo o en Madrid, donde ambos estudiaron, en las fiestas de verano en casa de Fernando… Dos trayectorias que avanzaban en paralelo hasta que un día se unieron en el mismo punto. Un cruce que deja de sorprender cuando miras atrás y ves cómo siempre habían estado orbitando alrededor del otro. «Hace algo más de dos años y medio empezamos a hablar de otra manera y… ¡surgió el amor!».
Fue una historia de amor sencilla e inevitable, hasta el punto de que, año y medio después, en mayo de 2024, Fernando le pidió matrimonio durante un viaje a la Provenza.



Una ceremonia en Baiona y un pazo sorprendente
Sofía y Fernando se casaron el 28 de junio de 2025 en la Colegiata de Baiona, una joya románica situada en el casco histórico de esta villa marinera pontevedresa. Desde las cinco de la tarde, hora a la que comenzó la ceremonia, Lorena Cendón y Veinticuatro Fotogramas se encargaron de capturar cada emoción del día.

Tras el «sí, quiero», todos se trasladaron al Pazo de Pegullal, una elección que resultó ser un acierto total por el factor sorpresa que suponía. «El 99% de nuestros invitados nunca había estado en ese Pazo, y de verdad impresiona por lo bonito que es».

Un escenario imponente, casi de cuento, donde Cousa Rica sirvió exquisitos aperitivos acompañados de cócteles frescos que sentaron de maravilla en el recién estrenado verano gallego. A ello se sumó la música en vinilo de Koko, que marcó el ritmo perfecto y elevó el ambiente festivo. La cena se celebró al aire libre –algo casi milagroso en Galicia– y fue, según muchos, una de las partes más especiales de la jornada.

Solla, todo un referente de la gastronomía, fue el responsable del catering. ¿El plato principal? Su merluza de Celeiro, cómo no. Durante el postre, la hermana de Sofía leyó un discurso que «logró llegar al corazón de todos y arrancar más de una lagrimita», y la guinda la puso Fernando, que sorprendió a su ya esposa con unos fuegos artificiales que iluminaron el pazo. «Fueron un sueño», reconoce ella.
Otro momento que la novia siempre recordará con una sonrisa fue el baile con su padre. «No habíamos ensayado nada porque él se negaba… y ya entendí por qué», bromea. Sacó sus famosos “pasos prohibidos” y terminó convirtiéndose en uno de los episodios más divertidos de la noche.

Después llegó la actuación de Villaboy, que mantuvo a todo el mundo entregado hasta el último minuto. «La gente alucinó, fue de lo que más se habló al día siguiente», recuerda Sofía. El DJ Javi Méndez cerró la fiesta, manteniendo la pista llena hasta las cinco de la mañana. «Jamás imaginé que habría tanta gente todavía allí dándolo todo», admite aún sorprendida.


Decoración única en un entorno idílico
Prescindieron de wedding planner y fue la propia Sofía quien tomó las riendas de los preparativos. «Prácticamente lo hice todo yo. Nos casamos 14 meses después de prometernos, así que tuve tiempo de sobra para organizarlo. Además, es algo que me encanta; creo que mi profesión frustrada es organizadora de eventos», confiesa.


La decoración fue uno de los temas más comentados del enlace. Todo estuvo en manos de Yago, de Susi Flor, quien supo conectar con Sofía desde el primer momento. «Es maravilloso, además de un profesional como la copa de un pino», afirma. Aunque hicieron cambios hasta el último día, Sofía decidió confiar plenamente en él. «Le dije: “Yago, vete allí y haz lo que puedas”. Y, de verdad, fue espectacular».
La papelería, diseñada por ByBenso, remató el conjunto con un seating plan impresionante que acaparó todas las miradas.
Después de haberlo vivido y ahora, viéndolo con perspectiva, Sofía aconseja a otras novias «que disfruten, porque pasa volando». Al principio se sintió desbordada por la organización, los correos, los contratos y las reservas. «Me ahogaba en un vaso de agua», reconoce. Pero hoy sabe que todo ese proceso formó parte del mejor viaje de su vida. «Miro hacia atrás y lo repetiría una y otra vez».
