La Línea 6 empieza a parecerse al metro de Japón: las novedades que llegan a los andenes

Puertas de andén, señalización renovada y trabajos nocturnos están transformando la Circular, aunque muchos viajeros aún no lo sepan.

La Línea 6 ha reabierto, pero su transformación sigue en marcha. Durante el día los trenes circulan con normalidad, pero por la noche los andenes se convierten en un auténtico laboratorio de ingeniería. El motivo: la instalación de las primeras puertas de andén, un sistema habitual en metros de Japón o China que poco a poco se está incorporando al suburbano madrileño.

La prueba piloto ya es visible en la estación de Legazpi, donde los viajeros han podido ver el primer módulo de los más de 4.000 que se colocarán a lo largo de este año en toda la línea circular.

La línea está abierta… pero sigue en obras por la noche
Desde el 20 de diciembre, la Línea 6 presta servicio completo, pero eso no significa que los trabajos hayan concluido. La instalación de las puertas de andén se realiza únicamente de noche, para no interferir con la circulación diurna. De domingo a jueves, la Circular cierra a las 23:00 y los autobuses sustitutivos gratuitos circulan hasta la 1:30.

Durante esas horas, los andenes se vacían de pasajeros y se llenan de operarios, maquinaria y módulos de acero y cristal que deben colocarse con precisión milimétrica.

Una instalación precisa que no se ve desde fuera
Colocar el primer módulo en Legazpi requirió hasta 20 operarios trabajando durante la madrugada. El material llegó en un tren de operaciones desde Arganzuela-Planetario, tras ser enviado en avión desde China, donde se fabrican las puertas.

Cada módulo mide aproximadamente 1,7 metros de alto por 3,8 de ancho y está diseñado para encajar perfectamente con las puertas de los trenes automáticos. Todo se planifica al detalle: Metro ha estudiado posibles incidencias para que la instalación sea segura y eficiente, aunque siempre surgen ajustes de última hora.

Un sistema “a la asiática” que cambia la forma de esperar el tren
Quienes han viajado en metros de Tokio, Seúl o Shanghái reconocerán este sistema al instante. Las puertas de andén evitan caídas a la vía y ordenan la espera, haciendo realidad el mantra: “dejen salir antes de entrar”.

En los andenes ya se colocan marcas en el suelo que indican dónde situarse, respetando la distancia de seguridad con las mamparas. Además, los colores y símbolos permiten identificar el punto exacto para acceder al coche correspondiente cuando llegue el tren. El resultado: menos empujones, menos prisas y un abordaje más fluido.

Andenes inteligentes: pantallas y avisos en tiempo real
Cada módulo incluye pantallas LED que ofrecerán información útil al viajero: tiempos de espera, incidencias o mensajes de servicio. También indicarán visualmente el estado de cada puerta, algo esencial en una línea con tanta frecuencia. Todo está pensado para que el usuario comprenda de un vistazo qué ocurre en el andén, incluso antes de la llegada del tren.

Más seguridad… y mayor velocidad
Además de aumentar la seguridad, las puertas permiten que los trenes entren más rápido en estación y reducen retrasos, algo crucial en la línea más utilizada de la red, con unos 430.000 viajeros diarios. Este sistema es clave para el objetivo final: que la Línea 6 se convierta en la primera línea completamente automática de Metro de Madrid.

El horizonte: trenes sin conductor en 2027
La instalación de las puertas es solo una parte del proyecto. Paralelamente, Metro actualiza el sistema de señalización, el “cerebro” que controlará los trenes, la apertura de puertas y cualquier incidencia en tiempo real.

A partir de 2027, comenzarán a circular 48 trenes sin conductor, más modernos, accesibles y sostenibles. Su tecnología permitirá aumentar la velocidad comercial hasta un 33%, reducir los intervalos a solo dos minutos y transportar un 17% más de viajeros por tren.

Tras la experiencia de Legazpi, los trabajos se acelerarán. El ritmo previsto es de aproximadamente un mes por estación, hasta completar los 70 andenes de la Circular, con cerca de ocho kilómetros de mamparas y unos 58 módulos por andén.

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Me casé con un viudo que tenía un hijo pequeño. Un día, el niño me dijo que su verdadera madre todavía vivía en nuestra casa.