Un nudo le apretó la garganta. Entendió que no podía seguir huyendo. Tenía que encontrarla. No importaba si ella lo odiaba, si lo había olvidado o si había seguido adelante. Él necesitaba la verdad. Tenía que saber qué estaba pasando.
Capítulo 4: La decisión que lo cambiará todo
Tras una noche en vela, llena de recuerdos, reproches y preguntas, Julián por fin tomó una decisión. Necesitaba respuestas. Y las iba a conseguir. No podía seguir viviendo en esa incertidumbre. Hizo una llamada.
—Mateo —dijo con la voz tensa—, necesito que encuentres a una persona. Se llama Valeria Ortega. No tengo dirección. Sólo sé que está en Manila y que tiene tres hijos. Ellos… podrían ser míos.
Al otro lado de la línea, Mateo guardó silencio unos segundos, calibrando el peso de aquellas palabras.
—Entendido, señor —respondió al fin—. Empezaré la búsqueda de inmediato.
Y así, el tablero se puso en movimiento. Si los niños realmente eran suyos, todo cambiaba. Ya no había forma de mirar hacia otro lado ni de enterrar el pasado. Había llegado el momento de enfrentarse a la verdad.
Capítulo 5: El peso de las decisiones
Mientras Mateo iniciaba la búsqueda, Julián intentaba seguir con su rutina, aunque sabía que hasta no tener respuestas, nada volvería a ser “normal”. Entró en la oficina y cruzó los pasillos sin fijarse en nadie. Sus pensamientos se dirigían una y otra vez a Valeria.
Se sentó en su despacho, cerró la puerta y se quedó mirando por la ventana. La ciudad hervía de vida, pero él se sentía desconectado de todo. Lo que antes consideraba importante —los negocios, los contratos, el prestigio— ahora le parecía vacío. Su vida perfecta empezaba a parecer una fachada llena de grietas.
No sabía si Valeria lo detestaba, si aún lo amaba o si ya ni siquiera pensaba en él. Lo único que tenía claro era que no podía seguir viviendo con esa duda clavada en el pecho.
Con cada hora que pasaba, la angustia crecía. La presión en el pecho se hacía casi física. Necesitaba respuestas, y las necesitaba pronto.
Capítulo 6: Camino a la verdad
Encontrar a Valeria no resultó sencillo. Julián tuvo que enfrentarse no sólo a su pasado, sino también a las consecuencias de sus propias decisiones. Sabía que el proceso sería doloroso. No tenía idea de qué encontraría ni de cómo reaccionaría cuando por fin la tuviera frente a él. Pero algo era evidente: no podía seguir huyendo.
La historia de Julián y Valeria —su relación, la ruptura, la carrera por el éxito, la promesa rota— lo alcanzaba por fin. Ahora sólo quería una cosa: la verdad. Si los niños resultaban ser suyos, todo su mundo se reescribiría. Y él, un hombre acostumbrado a tenerlo todo bajo control, empezaba a entender que, en realidad, el destino no se deja manejar tan fácilmente.
Epílogo: Esperar lo inesperado
La respuesta que Julián buscaba estaba más cerca de lo que imaginaba. Las piezas del rompecabezas iban encajando poco a poco, y él sentía que se acercaba al final del laberinto. Sin embargo, la pregunta más importante seguía atormentándolo: ¿qué hará cuando encuentre a Valeria? ¿Qué hará si se confirma que esos niños son suyos?
No lo sabía. Pero una cosa tenía clara: ya no podía vivir en la duda.
La verdad que tanto ansiaba lo cambiaría todo. Su pasado, su presente y el futuro de todos los involucrados. Y, por primera vez en mucho tiempo, Julián estaba dispuesto a afrontar las consecuencias, fueran cuales fueran.
