Erin ha seguido el estilo gótico desde su adolescencia, y con el tiempo dejó de ser solo una elección estética para convertirse en parte esencial de su identidad. Siempre le ha gustado diferenciarse, por lo que la ropa común y sin personalidad nunca le resultó atractiva. Para ella, la imagen exterior es una forma de expresarse y mostrar su mundo interior, al que presta mucha atención. Cada día dedica casi dos horas y media a su peinado y maquillaje, y no renuncia a este ritual ni siquiera en reuniones familiares. Aunque su apariencia llamativa a veces preocupa a su madre, Erin nunca ha sentido la necesidad de justificar el estilo en el que realmente se siente ella misma.

Sin embargo, con el tiempo, la curiosidad terminó imponiéndose. Erin quiso romper con las expectativas habituales y ver cómo reaccionarían sus seres más cercanos si, por una vez, abandonaba por completo su imagen habitual. La idea era sencilla, pero bastante atrevida: sorprender a su novio y a su hermana convirtiéndose en todo lo contrario de lo que es, en lo que ella misma llamó con ironía una “típica chica de Instagram”. Para llevar a cabo esta transformación, recurrió a una maquilladora profesional llamada Melanie.

El cambio comenzó eliminando por completo todos los elementos que formaban parte de su característico estilo gótico. A partir de ahí, la transformación se hizo cada vez más evidente. Su habitual palidez fue sustituida por un tono de piel cálido

gracias a un bronceado artificial, mientras que el contorno redefinió sus rasgos faciales. Las cejas perfectamente perfiladas y las largas pestañas postizas aportaron a su rostro un acabado pulido y glamuroso. Con cada paso, Erin se alejaba más de la imagen oscura que había construido durante años.

El toque final llevó la transformación a su punto máximo. Le colocaron una peluca rubia y eligieron para ella un conjunto rosa, claramente femenino y llamativo. El cabello claro, la piel luminosa y el maquillaje brillante ocultaron casi por completo su apariencia habitual. Parecía salida de un feed perfectamente editado en redes sociales; resultaba casi imposible reconocerla.

El resultado estaba pensado para sorprender, y lo logró. El contraste entre su imagen gótica habitual —en la que invierte tanto tiempo y esfuerzo— y esta versión impecable y ultrafemenina fue realmente impactante. Sin embargo, el propósito del experimento no era renunciar a su verdadera identidad. Más bien, se trataba de un juego con la percepción: una forma de demostrar hasta qué punto la apariencia influye en cómo nos ven los demás, incluso aquellos que creen conocernos mejor que nadie.

