Raquel Huéscar, psicóloga perinatal, sobre la herida emocional de la cesárea: “La madre necesita un tiempo para poner palabras y expresar sus sentimientos; es lo que le ayuda a tramitar ese dolor”

La cesárea puede ser una experiencia compleja para muchas mujeres, no solo porque implica una cirugía mayor abdominal a nivel físico, sino porque, en el plano psicológico, a menudo se aleja del parto imaginado. ¿Cómo puede condicionarlas emocionalmente? ¿Qué tipo de acompañamiento necesitan?

Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la tasa de cesáreas no supere el 10-15%, en España el porcentaje es considerablemente mayor. Según los últimos datos disponibles, correspondientes a 2024, el 26,4% de los nacimientos se produjeron mediante cesárea.

Para muchas mujeres, el parto deseado no contemplaba esta intervención. Cuando, además, se trata de una urgencia o el proceso no ha sido humanizado, la recuperación emocional puede resultar especialmente difícil.

Hablamos con Raquel Huéscar, psicóloga perinatal y divulgadora, sobre cómo afrontar esta vivencia y qué tipo de apoyo necesitan las madres para cerrar una herida que va más allá de lo físico.


“Lo que más influye en la vivencia de la cesárea es la atención recibida”

Según Huéscar, cuando la cesárea no es esperada puede vivirse como un duelo por el parto soñado. Muchas mujeres describen el contraste entre lo que imaginaron y la realidad como un impacto emocional importante, especialmente si sienten que toda la preparación previa no sirvió.

Sin embargo, subraya que el factor determinante no suele ser la intervención en sí, sino la atención sanitaria recibida: la sensibilidad del equipo, la información ofrecida y los cuidados durante el proceso. Incluso en situaciones de urgencia, la forma de acompañar puede marcar una diferencia significativa.

En consulta, explica, es frecuente que semanas después del nacimiento sigan presentes recuerdos intensos: el miedo a que algo le ocurriera al bebé o a la madre, la rapidez de la intervención, determinadas palabras o gestos del personal sanitario. En algunos casos, el susto permanece en el cuerpo durante semanas.

Muchas mujeres relatan no haber entendido lo que estaba sucediendo, sentirse solas —sin la presencia de la pareja—, experimentar dolor o no poder disfrutar del contacto piel con piel inmediato tras el nacimiento.

También aparece con frecuencia la búsqueda de explicaciones internas, como si no haber podido parir implicara algún fallo personal. En este sentido, Huéscar recuerda que el parto puede complicarse por múltiples factores y que la forma en que nace un bebé no determina ni su vida ni la calidad del vínculo posterior.


¿Es un duelo una cesárea no deseada?

La psicóloga explica que el duelo no siempre implica la pérdida de una persona; también puede referirse a la pérdida de un ideal o de una experiencia que no llegó a producirse. En el caso de la cesárea no deseada, muchas mujeres necesitan elaborar la despedida del parto que imaginaron.

Desear vivir la experiencia del parto es legítimo. Pero también lo es aceptar que existen aspectos que escapan al control. Integrar esta realidad forma parte del proceso emocional de la maternidad.


Impacto en el vínculo y riesgo de depresión posparto

Desde la psicología y la neurobiología se sabe que existen periodos sensibles tras el nacimiento en los que madre y bebé están especialmente predispuestos a vincularse. La cesárea puede interferir en ese “momento de oro”, especialmente si la madre no puede sostener al bebé inmediatamente.

Además, recuperarse de una cirugía mayor mientras se cuida de un recién nacido no es sencillo. El dolor, la cicatriz, la debilidad física o la dificultad de movimiento pueden generar frustración o sensación de dependencia. Muchas mujeres expresan incomodidad al necesitar ayuda para sostener o atender a su bebé.

No obstante, Huéscar insiste en que ninguna circunstancia es determinante. Con apoyo adecuado, la madre puede recuperarse progresivamente y fortalecer el vínculo con su hijo.


Poner palabras para sanar

“La palabra cura”, señala la especialista. En muchos casos, lo que más duele es la falta de espacio para expresar lo vivido. Poder narrar la experiencia ante alguien que escuche y valide la emoción supone un alivio profundo.

Al igual que la herida física requiere tiempo para cicatrizar internamente, la herida emocional necesita un proceso. Cada mujer asocia su cesárea a aspectos distintos de su historia personal, por lo que no existe una vivencia única.


El papel del entorno

El entorno, con frecuencia y con buena intención, puede intentar restar importancia a la experiencia con frases como “lo importante es que el bebé está bien”. Sin embargo, minimizar no alivia.

Validar la emoción —aunque no se comprenda del todo— ayuda a que la madre se sienta acompañada y reduce posibles sentimientos de inadecuación. Escuchar, preguntar qué necesita y ofrecer apoyo práctico y emocional son claves fundamentales.


¿Puede influir en un futuro embarazo?

La experiencia puede influir, pero no determina. Algunas mujeres encuentran reparación emocional en embarazos posteriores, incluso si se repite la cesárea. Cada embarazo y cada nacimiento son diferentes.

La maternidad implica convivir con cierta incertidumbre. Como concluye Huéscar, cada madre, cada bebé y cada familia construyen su propia historia, y cada experiencia puede resignificarse con el tiempo, acompañamiento y palabras.

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