Nuestra experta nos cuenta cómo la idealización, la necesidad de validación y el subidón inicial marcan los romances y rupturas del actor

Desde hace más de veinte años, Ben Affleck es uno de los actores más observados de Hollywood no solo por su trabajo, sino también por su vida sentimental. Su larga lista de relaciones públicas —intensas, muy mediáticas, apasionadas y a menudo fugaces— ha creado en torno a él un relato que va más allá de la fama: la historia de un hombre que parece buscar siempre el mismo tipo de amor… y que siempre termina de la misma manera.

Jennifer Lopez y Ben Affleck, muy cómplices en el estreno de ‘El beso de la mujer araña’ en Nueva York, el 6 de octubre de 2025, tras su divorcio
Con Jennifer Lopez vivió un idilio de película que marcó la cultura pop. Con Jennifer Garner formó una familia que parecía sólida y ejemplar. Con Ana de Armas protagonizó una de las historias más románticas y comentadas en plena pandemia. Y, sin embargo, todas estas relaciones comparten un patrón común: comienzos explosivos, cargados de intensidad emocional, seguidos de una caída lenta cuando la rutina irrumpe.
¿Por qué se repite esto una y otra vez? ¿Cómo es posible que un hombre que lo tiene todo —éxito, prestigio, estabilidad profesional— parezca reproducir el mismo libreto sentimental en casi todas sus historias?

Para entenderlo, recurrimos al análisis de la psicóloga y experta en terapia de pareja Silvia Manjavacas, que nos ayuda a mirar más allá de lo evidente y descifrar qué hay detrás de este patrón recurrente.
Un amor que arranca en lo más alto
Según explica Manjavacas, lo primero que llama la atención en la vida amorosa de Affleck es “el nivel de intensidad emocional con el que entra en cada relación”. “Ben tiende a enamorarse desde un lugar muy intenso, muy idealizado, muy de ‘esta vez sí’”, señala. “Esa intensidad inicial funciona como refugio emocional: lo eleva, lo deslumbra, lo anestesia… y luego, cuando aparece la vida cotidiana, el vínculo se tambalea”.

Este punto es clave: lo que al principio actúa como un bálsamo se convierte en uno de los grandes focos de conflicto a medida que la relación avanza.
Jennifer Lopez: la historia épica imposible de sostener en la vida real
La relación entre Affleck y Jennifer Lopez —en sus dos etapas— es quizá el ejemplo más claro de ese fenómeno. Cuando retomaron su historia años después de su primera ruptura, el mundo lo vivió como una segunda oportunidad, casi como la reparación de un amor truncado. Y él también, según Manjavacas.

“El reencuentro lo vivió como la reparación definitiva de una herida antigua. Como si al revivir Bennifer pudiera cerrar todo lo que quedó pendiente”, explica la psicóloga. Pero cuando una relación se carga de tanta nostalgia, expectativas e idealización, sostenerla en el día a día se vuelve casi misión imposible.
“Ben tropieza justo ahí: en el paso del amor de película al amor de todos los días”, apunta. “Y ese paso, que es el más decisivo en cualquier relación, es el que más le cuesta”.
Jennifer Garner: buscar estabilidad desde la herida
Si con Lopez hubo intensidad y mito, con Jennifer Garner parecía haber encontrado la calma. Fue una relación larga, estable y centrada en la familia. Pero incluso en ese contexto, el mismo patrón seguía presente.
Jennifer Garner y Ben Affleck en 2019
“Con Garner buscó estructura y estabilidad, y ella se la dio”, cuenta Manjavacas. “El problema es que cuando uno entra en un vínculo esperando que el otro apague sus tormentas internas, tarde o temprano surge la tensión: ninguna pareja puede sostener eternamente el peso emocional del otro”.
El matrimonio terminó, pero dejó claro otro rasgo de la forma en la que Ben se vincula: la fuerte necesidad de contención emocional que deposita en sus parejas.

Ana de Armas: el flechazo que vuelve a apagarse
Con Ana de Armas, el actor repitió la misma dinámica: un flechazo rápido, intenso, casi arrollador, que no llegó a consolidarse en el tiempo.
“Fue otra historia en la que el subidón del principio era enorme, pero sin una base emocional trabajada por parte de él, ese entusiasmo no se transforma en una estructura estable”, explica la terapeuta.
Una vez más, lo que empieza en lo más alto termina encontrando sus límites en la realidad cotidiana.
Ben Affleck y Ana de Armas en 2020

¿Mala suerte? ¿Inmadurez? No: un patrón emocional
La experta lo resume con claridad: no se trata de criticar a sus ex ni de “demonizarlo” a él como persona. Se trata de un patrón. “Lo que vemos es un guion emocional que le acompaña: heridas antiguas, necesidad de validación, búsqueda de intensidad inmediata, miedo a la rutina y dificultad para tolerar la frustración”, describe Manjavacas.
Ese guion emocional condiciona en gran medida su “gusto amoroso”. No está escogiendo solo a una persona, sino la emoción que esa persona le provoca. “Su elección amorosa no es tanto racional como emocional. Responde a lo que él necesita sentir en esa primera etapa: intensidad, validación, magia…”, añade. El problema es que esa emoción, por sí sola, no sostiene un vínculo a largo plazo.
Ben Affleck, muy sonriente con la productora Cynthia Addai-Robinson

El círculo que se repite… hasta que se comprende
Según la psicóloga, hay una frase que sintetiza bien la trayectoria sentimental de Affleck: “Siempre el mismo subidón, siempre la misma caída”. Ese es su ciclo amoroso. Y seguirá siéndolo, explica Manjavacas, mientras no trabaje la raíz emocional que lo alimenta. “No necesita otra historia de amor. No necesita otra pareja. Necesita entender por qué siempre interpreta el mismo guion”, insiste.
Solo a partir de ese trabajo interno podrá construir una relación que no se desmorone en cuanto aparece la vida real.
¿Puede romper su patrón?
La buena noticia, según los expertos, es que sí, es posible. Pero exige algo mucho más profundo que volver a enamorarse. “Tiene que aprender a tolerar la rutina, a sostener la frustración, a vivir el amor más allá del subidón inicial”, señala Manjavacas. Y, sobre todo, dejar de buscar fuera lo que solo puede encontrar dentro: calma, validación y estabilidad emocional.
Hasta que eso ocurra, es probable que su vida amorosa siga teniendo ese aire de montaña rusa emocional que, para él, se ha convertido casi en una forma de estar en el mundo.
