Un abogado laboralista advierte: “No ducharse puede justificar un despido disciplinario”

El experto en derecho laboral Juan Manuel Lorente explica en qué situaciones la falta de higiene deja de ser un asunto privado y puede convertirse en causa legal de despido.

Puede parecer impensable, pero trabajar a diario junto a una persona que no mantiene una higiene adecuada puede convertirse en un problema laboral serio. Tan serio, que incluso puede acabar en despido disciplinario.

No es una exageración ni una anécdota viral. Es legal.

Así lo explica Juan Manuel Lorente tras recibir el caso de un cliente despedido por este motivo:
“Tu empresa te puede despedir por eso. No es broma. Hace no mucho me llegó un cliente con una carta de despido y no me lo podía creer. La leí y directamente era porque el señor no se duchaba”.


¿De verdad pueden despedirte por no ducharte?

Sí, pero con matices importantes.

En España, el despido disciplinario está regulado en el artículo 54 del Estatuto de los Trabajadores, que permite extinguir el contrato cuando existe un incumplimiento grave y culpable por parte del trabajador.

Aunque la norma no menciona expresamente la higiene personal, sí contempla conductas que alteren gravemente la convivencia o el normal desarrollo de la actividad laboral. Y ahí es donde encaja este supuesto.

“La falta de higiene no es un tema personal cuando afecta al entorno profesional; en ese momento pasa a ser un incumplimiento laboral”, señala Lorente.


No se trata de un caso puntual

La Justicia no respalda despidos automáticos por una situación aislada. Para que un despido por este motivo sea considerado procedente deben cumplirse varios requisitos:

  • Reiteración en el tiempo: no basta con un episodio puntual.
  • Advertencias previas: la empresa debe haber comunicado el problema y ofrecer la oportunidad de corregirlo.
  • Perjuicio acreditado: que existan quejas formales, malestar o dificultades organizativas.
  • Impacto real en el trabajo: afectación a la productividad, la convivencia o la imagen ante clientes.

En el caso al que hace referencia el abogado, la empresa había advertido previamente al trabajador y la situación se había vuelto insostenible.

“El ambiente que genera en el centro de trabajo es horroroso. No se puede trabajar al lado de una persona que no se ducha”, explica.


¿Es una intromisión en la vida privada?

No. Lo que se analiza no es una decisión íntima en el ámbito doméstico, sino su impacto en el entorno profesional.

La libertad personal existe, pero no es absoluta.

“El trabajo no es tu casa. La libertad personal termina donde empieza el derecho de los demás”, resume el letrado.

En oficinas compartidas, espacios cerrados o puestos con atención al público, la convivencia forma parte de las obligaciones implícitas del contrato laboral.


¿En qué sectores ocurre con más frecuencia?

Este tipo de situaciones suele darse con mayor probabilidad en:

  • Trabajos con atención directa al cliente
  • Equipos reducidos
  • Oficinas sin ventilación o espacios cerrados
  • Sectores donde la imagen corporativa es determinante

Antes de llegar al despido, lo habitual es que la empresa recurra a advertencias formales, reuniones internas o incluso cambios de puesto. El despido disciplinario suele ser la última medida cuando el problema persiste.


Lo que muchos trabajadores desconocen

Cuando se piensa en un despido disciplinario, se suele asociar a ausencias injustificadas, desobediencia o bajo rendimiento. Sin embargo, el marco legal también protege la convivencia laboral.

El artículo 54 del Estatuto de los Trabajadores contempla como causa válida el incumplimiento grave que perjudique la actividad empresarial o el clima laboral. En ese contexto, una falta de higiene reiterada puede encajar jurídicamente si se acredita el daño real.

La clave no es la ducha en sí, sino el impacto que su ausencia tenga en el entorno profesional.