
Estos pendientes de diamantes datan de su reinado (1818-1844) y están formados por tres brillantes superpuestos, de los que cuelga un gran colgante en forma de pera. Once brillantes adicionales enmarcan la parte central del colgante, que consiste en un gran diamante pera rodeado por un fino borde de pequeños diamantes.
Completó el conjunto con un collar de diamantes redondos del que pende el gran colgante Vasa, uno de los más valiosos para la familia, y remató el escote con el histórico broche brasileño, legado a la reina Josefina de Suecia por su hermana Amalia de Leuchtenberg, emperatriz de Brasil como segunda esposa de Pedro I.

Otro guiño al vestidor materno en los Nobel de 2018
Puede que lo hayas olvidado, pero hace tan solo siete años la princesa Victoria ya había recurrido a esta misma fórmula en los Nobel de 2018. Entonces rebuscó en el armario de su madre para rescatar un vestido de organza y chiffon con escote palabra de honor, confeccionado en tres grandes bloques de color (rosa, verde y gris) por Nina Ricci para la ceremonia de entrega de 1995. En aquella época, la primogénita acababa de alcanzar la mayoría de edad y su presencia en este evento aún no era habitual; no fue hasta dos años más tarde, con 20, cuando deslumbró con el célebre vestido azul de cuello alto que inspiró uno de los looks icónicos de Anne Hathaway en Princesa por sorpresa.


Regresa la tiara Fringe

Al igual que el año anterior, en la edición de 2024 Victoria de Suecia coronó su peinado con la tiara Fringe (o de Baden), una diadema compuesta por 47 diamantes que evocan rayos de sol. Esta joya perteneció a Victoria de Baden, que la recibió como regalo de boda por parte de sus padres, los grandes duques de Baden, y hoy sigue siendo una de las piezas más espectaculares del joyero real sueco.
