Carole Radziwill, testigo silenciosa de la historia de amor entre John John Kennedy y Carolyn Bessette, rompe su silencio: «Debería darles vergüenza»

La viuda de Anthony Radziwill, primo y gran amigo del llamado “príncipe de Camelot”, había prometido no ver Love Story, pero las redes hablaron… y finalmente ella también.

No aparece en la serie, pero siempre estuvo presente. Muchos seguidores de Love Story, la ficción que narra el romance —y la tragedia— de John John Kennedy y Carolyn Bessette, se preguntaban si Ryan Murphy había decidido ignorarla. Y, justo antes del final de la serie, ella ha decidido pronunciarse. Carole Radziwill, viuda de Anthony Radziwill —hijo de Lee Radziwill y primo de John—, ha dado un paso al frente.

Se prometió no ver la serie y asegura haber cumplido su palabra. Sin embargo, no ha podido escapar al constante aluvión de publicaciones, historias y comentarios que han inundado las redes sociales, donde miles de personas analizan cada detalle de la pareja más idealizada de América. «A veces la vida golpea con fuerza. Esta es una de esas ocasiones», comienza diciendo.

Decidió mantenerse al margen, no desmentir las «inexactitudes» ni corregir errores, pero hay dos cuestiones que considera inaceptables: el diagnóstico de su marido —quien, aclara, no murió de cáncer testicular, enfermedad que superó en su juventud, sino de un sarcoma— y el hecho de que muchos afirmen erróneamente que la madre de Carolyn falleció en 2007, cuando en realidad sigue viva. «Debería darles vergüenza», sentencia.

Hace más de dos décadas, Carole publicó su libro What Remains: A Memoir of Fate, Friendship and Love, donde relató su versión de los hechos. La obra se convirtió en un éxito del New York Times y, en estas semanas, ha regresado a las listas de ventas. Aunque la serie se inspira oficialmente en otro libro, incluye detalles que recuerdan sospechosamente al suyo. Un éxito que, sin embargo, le deja un sabor amargo.

Para ella, escribir fue una forma de sobrevivir. Un intento de sanar tras perder a tres de las personas más importantes de su vida.

El año 1999 marcó un antes y un después. Primero, el trágico accidente aéreo en el que murieron John, Carolyn y Lauren, hermana de esta. Y, apenas tres semanas después, la muerte de su marido Anthony, con solo 40 años. Un golpe devastador, aunque ya intuía que su final estaba cerca. «Lo perdí todo… Durante mucho tiempo viví con la rabia de haber sido la que se quedó para recoger los restos», confiesa.

Su mundo se derrumbó por completo.

La última llamada
El revuelo generado por la serie ha reabierto heridas que creía cerradas. Carole observa con incredulidad cómo «el país vive una especie de frenesí colectivo» y se sorprende a sí misma retomando viejos hábitos, como señalar «errores absurdos» que pensaba haber dejado atrás.

Recuerda también las palabras de la actriz Daryl Hannah, expareja de John, quien aparece representada en la serie. «Cuando tanta gente ve una dramatización con nombres reales, las consecuencias también son reales». Para Carole, lo que se muestra en pantalla —aunque no la mencionen directamente— forma parte de su propia historia.

Evoca la última conversación que tuvo con John y Carolyn antes del vuelo que terminó en tragedia. Fue una charla breve, sobre qué cenarían el domingo siguiente: carne a la parrilla y tarta de melocotón. No imaginaba que sería la última vez que escucharía sus voces.

La siguiente llamada que hizo fue en la madrugada del 16 de julio de 1999, a la Guardia Costera en Massachusetts: «Necesito informar de que el avión de mi primo ha desaparecido». Después contactó con la Fuerza Aérea. En cuanto pronunció su nombre completo, supo que todo cambiaría para siempre.

Promesas que no se cumplieron
Nadie esperaba un final tan abrupto para una historia que parecía sacada de un cuento. John confiaba en reflotar su revista George —y hoy, décadas después, su legado vuelve a despertar interés—, mientras que Carole insiste en que Carolyn no vivía recluida, como sugiere la serie.

«No le gustaba la prensa. No había privacidad y los fotógrafos eran invasivos. Era agotador», explica. Tenía un círculo muy reducido de confianza, tanto que logró mantener su boda en secreto. Solo 36 personas asistieron a la ceremonia en una pequeña cabaña en Georgia, sin electricidad ni formalidades. «Todo depende de saber en quién confiar», le decía Carolyn.

Carole también desmiente supuestos conflictos familiares: ni hubo escándalo con el vestido diseñado por Narciso Rodríguez ni drama por parte de la madre de la novia.

«Carolyn tenía un gran sentido del humor, sabía reírse de sí misma. Era inteligente, divertida y auténtica», recuerda. Fue su confidente durante años y siempre la vio fiel a sí misma.

Durante la enfermedad de Anthony, Carolyn estuvo a su lado: «Nos cuidó y nos acompañó». Aquella etapa los unió aún más, reduciendo su mundo a un círculo íntimo. «John y Anthony eran inseparables… y Carolyn era quien mantenía todo unido».

Para John, impulsivo y disperso, Anthony era el hermano que nunca tuvo. Su apoyo constante. No podían estar el uno sin el otro… y, de alguna manera, tampoco lo estuvieron al final.

La controversia
Las declaraciones de Carole coinciden con su regreso a la televisión, al programa Real Housewives of New York, tras ocho años de ausencia. Sabía que volver implicaba exposición, pero no imaginaba que coincidiría con el fenómeno mediático de la serie.

«Cuando me propusieron regresar, nadie podía prever que todo esto sucedería al mismo tiempo», comenta. Incluso ha revelado que un antiguo conocido audicionó para interpretar a su marido en la ficción.

En medio de la polémica, también ha lanzado un mensaje indirecto al creador de la serie, calificando de «absurdo» tener que justificar por qué no fue incluida, pese a haber sido una de las personas más cercanas a la pareja.

Desde la producción, explican que decidieron centrar el papel de confidente en la hermana de Carolyn, argumentando que no podían incluir a todas las personas relevantes.

Sea una omisión casual o una decisión consciente, Carole sigue siendo esa testigo casi invisible de una historia que, décadas después, continúa fascinando al mundo.

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Tiene 83 años y aparenta cuarenta. La actriz no recuerda su edad