El suelo pareció desaparecer bajo Antonio. Lo había olvidado, y peor aún: había pasado toda la semana con otra mujer, pensando en cómo decirle a su esposa que se iba.
—¿Y decidiste celebrarlo con… él? —dijo señalando a Alejandro.
—No se preocupe —respondió calmado Alejandro, volviendo a sentarse—. Estoy aquí por trabajo.
—¿Trabajo? —Antonio apretó los puños—. ¿En mi casa, por la noche, con champán sobre la mesa?
—Soy diseñador de interiores —explicó Valeria—. Quise hacer reformas mientras no estabas, como sorpresa.
—¿En un solo cuarto? ¿En una semana?
—No solo en la sala —dijo ella, señalando que lo siguiera.
En el dormitorio, todo era distinto: paredes con papel nuevo, cama renovada, lámparas, cuadros.
—Esto… —Antonio no encontraba palabras.
—¿Te gusta? —preguntó Valeria—. Quería cambiar algo. Tu “conferencia” vino justo a tiempo.
Antonio comprendió cómo enfatizó “conferencia”.
—Muy… inesperado —dijo, forzando las palabras.
—Y no es todo —abrió la puerta de su antiguo despacho—.
Antonio se quedó boquiabierto. La habitación estaba transformada: paredes azul claro, cuna, estanterías con juguetes, alfombra suave.
—¿Qué significa esto? —susurró.
Valeria se abrazó a sí misma por los hombros.
—Iba a decírtelo hoy, en nuestro aniversario. Estoy embarazada, Antonio. Catorce semanas.
El tiempo pareció detenerse.
—¿Embarazada? Pero nosotros…
—¿Recuerdas la noche antes de tu viaje a Granada?
Él recordó. Fue hace tres meses.
—¿Por qué no dijiste nada?
—Esperaba el momento adecuado. Luego te fuiste a tu “conferencia” con Valentina.
Antonio palideció de golpe.
—¿Sabías?
—Sí —respondió serena—. Pero quería darte una oportunidad.
Ella apoyó la mano sobre su vientre.
—Dime la verdad. ¿La amas?
Antonio abrió la boca, pero las palabras no salieron. Creía que sí, pero allí, de pie en la habitación infantil, todo era incierto.
—No lo sé —finalmente dijo—. Estoy confundido.
Valeria asintió lentamente.
—Bien. Entonces tienes una semana. Ve donde quieras y reflexiona. Luego volverás y dirás tu decisión.
—¿Y si decido irme?
Ella cerró los ojos un instante.
—Entonces te dejaré ir.
Por primera vez, su voz no tenía ira ni reproche. Solo cansancio y sinceridad.
Esta es una historia sobre decisiones difíciles, amor y responsabilidad. Antonio se encontraba frente a la encrucijada: intentar salvar su familia o comenzar una vida diferente. Todos dudan, pero la verdadera fuerza está en elegir honestamente y asumir las consecuencias.
