La habitación del hospital olía a desinfectante con una fuerza tan agresiva que cada respiración parecía
En un comedor inmenso, encendido por el brillo de unas lámparas de cristal, un hombre adinerado, vestido
La tormenta cayó con una violencia tan feroz que parecía dispuesta a partir la noche en dos y arrancar
Alonso sacó a Lucía de la piscina y la apretó contra su pecho con tanta fuerza que la niña tosió, lloró
El jurado estaba a escasos minutos de escuchar la decisión cuando las puertas del fondo de la sala se
El golpe seco de las zapatillas de Mateo Salazar, de nueve años, contra la banqueta cuarteada le sonaba
Un viudo adinerado abrió las puertas de su casa a una mujer silenciosa que llegó como ama de llaves…
El plato se estrelló contra el suelo y se hizo añicos. La comida salió despedida sobre las baldosas relucientes.
A las tres de la madrugada, unos golpes desesperados hicieron temblar la puerta de entrada de mi piso.
La tormenta se grabó en la memoria de la ciudad antes incluso de que amaneciera. Durante diez años, bastaba









